Mayra es joven, pero ya sabe cómo pulsar la ausencia, enhebrar el dolor con el afecto y no tiene miedo de cuestionar. ¿Hacia dónde la poeta proyecta esa mixtura de grises y círculos que despierta con imágenes? Tal vez sea el eco del grito incomprendido. No teme a la confesión íntima y la dice sin evitar que los conectores tiren de su piel. Es un ser que se percibe mayor en su propuesta escritural, puede ser árbol que se dobla, se levanta y apacigua las grietas hasta en el silencio. Conmueve su apuesta tranquila. Es sincera, honesta y asombra. Es una poética interior, que se alimenta del afuera y lo hace suyo para transformarlo en arte. Parecería que Mayra se adelanta a la adultez, y en el salto nos lleva en una barca donde las velas se mecen con el impulso de la voz que sostiene la noche en el misterio de hojas sedientas.
Mery Yolanda Sánchez






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