A veces la poesía, al decir de Borges, vuelve como la aurora o como el ocaso. Es decir, la poesía es principio y fin. O es interminable como el río de Heráclito que nunca termina de pasar. La metáfora del río siempre totalizante y universal late en esta antología que usted, amable lector tiene en sus manos. Se trata de veinte mujeres poetas que nos recuerdan desde Cereté de Córdoba, como lo hiciera Emily Dickinson, que florecer es un logro, que ser una flor, es decir, escribir, lograr el milagro del poema es una honda responsabilidad; que ser poeta y crear el poema es un asunto intrincadamente doloroso y a la vez sublime.
Ellas responden a las preguntas esenciales que se formula toda Ars Poética: ¿Quién es el poeta? ¿Qué es la poesía? ¿Cómo concibe el poema? ¿Cómo escribe poesía? ¿Sirve la poesía? ¿Cómo escribe poesía? Cuestiones estas que han preocupado al poeta toda vez que la poesía va más allá de ser solo uno de los géneros literarios que la didáctica clasificó. La poesía es el halo que recorre e impregna todo aquel oficio o creación que merezca ser considerado arte. Es además una forma de recuperar el sentido y la dignidad de las cosas.
Por ello estas Úrsulas –otra gran metáfora creada por el poeta Gabriel García Márquez- sostienen el mundo, la casa y la poesía con sus voces que han dejado de ser inspiración para convertirse en sujetos de creación. Para unas, la poesía es la maga que hace trascender al ser; para otras el poema es coherencia y honestidad; aquellas, como la venezolana Betsimar Sepúlveda construye la casa apilando todo en el sustrato del lenguaje/hasta ver cómo gotea el poema. Y Cindy Jiménez de Puerto Rico, prefiere suscribir la poética de Federico García Lorca como suya para decir la poesía: “ ¿qué voy a decir yo de la Poesía? “¿Qué voy a decir de esas nubes, de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle, y nada más. Comprenderás que un poeta no puede decir nada de la Poesía. Eso déjaselo a los críticos y profesores. Pero ni tú ni yo ni ningún poeta sabemos lo que es la Poesía.”
La poesía teje los hilos de la experiencia en un todo embellecido por la mano de la naturaleza y de las mujeres que dan luz a la belleza. Así, para la poeta cubana Jamila Medina, la poesía es la posibilidad de “mutar como quien muda de traje y encaja en cuerpos guardaespaldas, cuerpos sombrilla-arma blanca, cuerpo espátula vómica.”; mientras que la colombiana Livis Perneth la concibe como una oportunidad para que ocurran “todas las redenciones”. Martha Miranda, de Argentina valida el oficio de escribir cuando enuncia su poética y nos cuenta que ella escribe como quien cose “como quien une los bordes de dos realidades: la propia y la del mundo”. Y en este intento la poeta de Mendoza, coincide con la colombiana Mery Yolanda Sánchez a quien leer y escribir la hace libre “porque la palabra nombra y me regresa las ausencias”
El poema, que para la poeta Marga López es la forma primordial del lenguaje, nos devuelve al niño, al ser ancestral, al loco, al filósofo, al imaginero. El hombre y la mujer que hacen del lenguaje un material para el juego y la imaginación, el encuentro con el yo y con el otro porque también los versos –como afirma la poeta de Jerez de la Frontera, Raquel Lanseros- “son una traducción en palabras de nuestra propia alma tanto particular como conjunta”
En todo caso, cada arte poética que configura esta Antología del XXVII Encuentro Internacional de Mujeres Poetas de Cereté reconoce los poderosos efectos del poema que remienda, cicatriza y sostiene la casa en un reinventarse día tras día, como el río de Heráclito.






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